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Martin
Münch
nacido en Frankfurt (1961), estudió musica y
Filosofía en Maguncia, posteriormente composición con
Prof. Wolfgan Rihm en el Conservatorio Superior de Karlsruhe. Como
solista ha realizado conciertos en Terni, La Spezia, Grosseto (Italia),
Salzburg y en el Gasteig München, con el "Trio con brio" en Los
Angeles, Washington, Osaka und Sevilla (EXPO 92). Su programa
más actuál incluye la Suite "Iberia" (completa) de
Albéniz (que hasta ahora había interpretato en Paris,
Wiesbaden, Bamberg, Zürich, Stuttgart, Nürnberg etc.). Ha
realizado grabaciones para
radio y television (SDR y SWF). Su "oeuvre musical" que hasta ahora
incluye 40 obras, va desde música para piano y música de
camar hasta obras para orquesta. El CD "Katharsis" (1996)
recibió una entusiasta acogida por parte de la critica
(Frankfurter Rundschau, Die Zeit, NMZ).
Martin Münch es fundador de la "asociación para la cultura
del último Romanticismo y vuelta de siglo" en Heidelberg y es
profesor de piano en a la Universidad de Bamberg desde 1994.
Entrevista - Diario de Girona (Febrero 2003)
Martin Münch: la
música neo-romántica frente a las hipervanguardias
El compositor e intérprete Martin Münch,
fundador de la Asociación para la Cultura del Tardo-Romanticismo
(Heidelberg) y destacado exponente del neo-romanticismo europeo,
ofreció el passado viernes día 21 un concierto en la
capilla del Autorio Viader de la Casa de Cultura de Girona en el marco
del ciclo Hammerklavier de conciertos y masterclases de piano. El
sábado 22 impartió su clase magistral, centrada en la
demostración matemática de la incoherencia lógica
del llamado atonalismo (también dodecafonismo o serialismo),
método casi-hegemónico en el arte de la
composición del siglo XX. La entrevista que reproducimos fue un
auténtico repaso de la historia de la cultura y de la
sociología política del siglo XX a través de la
música.
P.- ¿Cuál es su visión de la evolución de
la música durante los últimos cien años?
R.- Los movimientos de vanguardia y renovación de finales del
sigle XIX opuestos a la música clásica convencional
culminaron hacia 1920 con la obra de Arnold Schönberg, que se
convirtió con la sua escuela en dominante después de la
II Guerra Mundial no solo por sus inovaciones propias sino
también en parte importante a raíz del sentimiento de
culpa de Alemania después de Hitler. Schönberg
partía de la idea de que los sonidos conocidos hasta aquel
momento eran signo de decadencia, i era necesario hallar un nuevo
lenguage musical, de total libertad ante el pasado: fue el atonalismo,
basado en el rechazo a la armonía, a la jerarquía de los
sonidos. El sonido dejaba de ser una pieza del desarrollo armonico para
convertirse en un fin en sí mismo, frío, un
símbolo de máxima sintetización. El ritmó
se tensó, y el sonido se tornó áspero al
oído. Finalmente, la música atonal acabó siendo
incomprensible, críptica (y no sólo para el gran
público); su hermeticidad sedujo a muchos compositores, que
veían ahí una marca de progresismo. Esta Música
Nueva, con apoyo del Estado, dominó rápidamente en los
centros académicos, especialmente en Europa Central, y sus
discípulos la colocaron en el trono de norma excluyente de las
otras corrientes, que han visto muy limitada su
progresión.
P.- ¿Cuál es la situación del neo-romanticismo en
este panorama?
R.- En estos momentos, nuestra posición está proscrita.
Piense que en Alemania las escuelas surgidas a partir de Schönberg
hoy son la ortodoxia. La recuperación de líneas abortadas
por el dominio del atonalismo es despreciada, "prohibida". Nos acusan
de no comprender las necesidades de la evolución musical, de que
nos situamos fuera de la responsabilidad histórica.
P.- ¿Son ustedes revisionistas?
R.- En absoluto: No. Ese es el problema. La académia vigente nos
acusa de comulgar con la extrema derecha política, mientras que
ésta nos señala como nueva forma izquierdista. Las
posiciones de derecha radical consideran que todo lo posterior a Brahms
i Wagner es degenerado. Nosotros no retornamos al pasado sino que
abrimos un camino nuevo.
P.- ¿Cuáles son pues las coordenadas de este
camíno?
R.- En primer lugar pensamos que las líneas derivadas de
Schönberg han llegado a un absurdo: ni tan sólo el mejor
público las entiende. El atonalismo ha perdido coherencia, en el
sentido de que no es comprensible, no posee poder comunicativo. El
escuchador tiene que buscar las intenciones comunicadas. Creemos que el
atonalismo es positivo cuando trabaja en el campo de la disonancia,
pero no cuando prescinde de tota regla armónica - sobre todo
aquella de las progresiones - , porque se convierte en música
perdida, sin fundamento. Nuestra renovación se inspira en el
ruso Aleksandr Scriabin, que creó un estilo propio de gran
sensibilidad, aunque frenado por su muerte prematura en 1915 y por la
posterior persecución de la obra sua y de sus alumnos como
Obouchov por parte del régimen soviético. Estamos
reelaborando su innovador idioma musical, apagado durante decenios por
la sombra del reinado del atonalismo ininteligible. Otros autores en
esta órbita son Schmitt (Florent) i Szymanowski. De otro lado,
en mi caso, las demás fuentes inspiradoras son el impresionismo,
el modernismo (art nouveau), el tardo-romanticismo i el expresionismo.
P.- Comentaba usted que la música atonal no se comprende.
¿Quizás sea cuestión de tiempo?
¿Quizás en el año 2100 Schönberg, o Boulez,
se escucharán como ahora escuchamos a Mozart?
R.- No es muy probable. Si en setenta años de vida, el
atonalismo no ha llegado a la gente, difícilment va a hacerlo
nunca. El argumento del retraso de la educación social ya no es
creíble. En la clase del sábado, a través de los
nuevos instrumentos de categoritzación de los sonidos,
demostramos con una senzilla descripción matemática que
se trata de un problema estructural, no pedagógico.
P.- Hoy en muchos ámbitos de la cultura, especialmente desde la
caída del Muro de Berlín, se cuestionan las ortodoxias
establecidas durante el sigle XX. ¿No sucede eso en la
música de la Europa central?
R.- En Alemania, muy limitadamente. Hay mucha resistencia a la
crítica. Es una tarea que está en sus comienzos.
P.- ¿Cree posible el diàlogo entre ustedes y el
convencionalismo institucional?
R.- Sí. No luchamos contra el atonalismo, sino contra su
totalitarismo. Aceptamos las disonancias inteligibles, los sonidos
discordantes que mantienen una coherencia armónica
mínima. Proponemos una visión plural. El único
límite es la calidad. Lo que sí nos parece lamentable son
algunos frutos de la hipervanguardia artística, como por ejemplo
la desestética.
P.- ¿A qué se refiere?
R.- A la desensibilización estética, a la
provocación y escándalo absolutitzados. En todo existen
límites. Hay una frontera, que es la calidad; puede ser muy
tenue, difícil de establecer, pero està ahí. Si no
hubiera límites, todo sería válido, incluso la
mediocridad. Mire, hace unos anos, en un festival, un personage subido
a una escalera al lado de un piano lanzó sobre el instrumento un
recipiente de hierro lleno de agua. Destrozó legno interior del
piano. El ruido fue impresionante. Mucha gente aplaudió. Eso no
tiene sentido, aunque alguien busque algún tipo de simbolismo
fácil, fácil y arstísticament falso. Son
sobrevaloraciones de la provocación, signos de la incapacidad de
comunicar constructivamente. El espectro de deseos artisticos, que se
demuestra en la musica, es mucho mas amplia y, más que la
absolutización de un singolo aspecto, vale siempre un
equilibrio.
Pere Sala
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